Hace mucho que el cine dejó de apasionarme. No es una confesión cualquiera: durante años fui la crítica de cine de este mismo diario. Algo pasó. Las películas dejaron de hablarme o yo me volví sorda.
A veces una película logra meterse tan profundo bajo la piel que, cuando termina, uno se queda mirando los créditos sin saber muy bien qué hacer con todo lo que acaba de sentir. Eso puede que estés ...